En aquellos años transcurridos entre 1480 y 1482, Cristóbal Colón era ya un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor, Colón, de quien se puede decir que era más un hombre de la edad media que de la edad moderna, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago mundi del cardenal y teólogo francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio y geógrafo florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal Alfonso V a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.
Este mapa del mundo conocido lo realizó, probablemente a finales del siglo XV, Paolo del Pozzo Toscanelli, y representa el alcance del conocimiento europeo antes del inicio de las grandes exploraciones de la última década del siglo XV. Se puede observar que no se había realizado ningún progreso en la geografía europea desde el siglo II, fecha en la que el geógrafo griego Tolomeo recopiló la información en la que se basó este mapa. La línea de la costa mediterránea se reconoce fácilmente, pero la costa del océano Índico es muy inexacta y el interior de Asia y África es una mera conjetura. Parece que Toscanelli fue el primero en lanzar la idea de llegar a Asia navegando hacia el oeste, noción que siguió Cristóbal Colón.
De las dos primeras obras, que eran una especie de enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen que hizo en sus ejemplares, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, el Jardín del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, o el país de las amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía lo que había dejado escrito el viajero italiano Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al territorio sobre el que habían gobernado los miembros de la dinastía Yuan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas de China (la Catay colombina), referida al actual Japón, y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.
Para defender su proyecto ante los expertos, hubo de calcular mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincidió con las estimaciones hechas en el siglo IX por el astrónomo musulmán Alfragano (Al-Farghani), según las cuales 1 grado equivalía a 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros), y, por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1.500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los expertos portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón, el cual no les aportaba nada nuevo y además les exigía mucho a cambio de llevar a cabo el plan de exploración. Revisado el : 10-10-2004 12:49
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