Los sucesores de Amosis reorganizaron la economía y el aparato administrativo e iniciaron un período militarista e imperialista que culminó con el reinado de Tutmés III (1480-1448 a. de C.), el cual dio al Imperio Nuevo (1570-715 a de C.) la mayor extensión territorial de toda la historia de Egipto. Los pueblos de Asia Menor, los mesopotámicos y los nubios conocieron la fuerza de los ejércitos del Nilo y hubieron de aceptar el vasallaje impuesto por el faraón.
Esta etapa de poderío inició su declinar con el reinado de Amenofis IV (1377-1358 a. de C.), introductor de una profunda reforma religiosa que prohibía el culto al dios guerrero Amón-Ra, instituido durante el Imperio Medio, y establecía la existencia de un dios único y universal para todas las razas: Atón, el disco solar. El faraón cambió su nombre por el de Akhenatón -el elegido de Atón- y construyó una nueva capital a la que llamó Akhetatón -el horizonte de Atón, situada en el actual Tell-el-Amarna-. Esto trajo como consecuencia la pérdida de poder de los sacerdotes de Amón, los cuales, durante el reinado de los anteriores faraones guerreros, habían acumulado cuantiosas riquezas procedentes del botín conseguido en las batallas y de los impuestos que pagaban a Egipto los pueblos sometidos. Nada dispuestos a dejarse arrebatar sus privilegios, los sacerdotes comenzaron a conspirar contra el faraón. Al mismo tiempo, la actitud pacifista de Akhenatón hizo que se debilitase la preponderancia exterior de Egipto, lograda tras las guerras imperialistas. Así pues, la supremacía exterior de Egipto se debilitó, en tanto que en el interior del país crecía el descontento, fomentado por la antigua casta sacerdotal de Amón. Pero, el sucesor de Akhenatón, Tutankhamón, que ha alcanzado gran celebridad por haberse conservado hasta nuestros días su tumba intacta, restauró el culto de los antiguos dioses y devolvió la supremacía a Tebas.
Los faraones de la XIX dinastía mantuvieron la unidad del Imperio conteniendo a duras penas el continuo acoso de los hititas y de los "pueblos del mar" -aqueos, filisteos, etruscos-, hasta que, tras la pérdida de las provincias asiáticas, el poder real se diluyó en un nuevo feudalismo encabezado por los sacerdotes de Amón.
Hacia el 950 a. de C. Tebas cayó en manos de los libios y, después de algunos intentos por reconstruir el Imperio, en el año 662 los asirios, dirigidos por Asurbanipal, conquistaron todo el país. Psamético I (663-569), nomarca de Sais y fundador de la XXVI dinastía, expulsó a los invasores e intentó continuar la tradición faraónica. Egipto conoció entonces un breve período de resurgimiento económico y cultural, pero en el año 525 el rey Cambises de Persia venció a las tropas de Psamético III, con lo que el país se convirtió en una provincia del Imperio persa. A partir de este momento, la decadencia de Egipto no hizo más que acentuarse. En el año 332 a. de C., Alejandro Magno invadió el país, y desde entonces hasta la conquista romana (30 a. de C.) formó parte del mundo helénico, mientras sus soberanos se limitaban a tratar de conservar las tradiciones del pasado. Revisado el : 04-09-2004 14:08
|
|
|