Los primeros pobladores del valle del Nilo fueron tribus semitas y camitas cuya organización evolucionó desde las primitivas aldeas neolíticas hasta constituir dos núcleos diferenciados y rivales, el Alto y el Bajo Egipto.
Según la tradición, hacia el año 3000 a. de C. un rey mítico llamado Menes consiguió unificar el país y fundó la primera de las veintiséis dinastías que habrían de sucederse hasta la conquista persa (525 a. de C.). Comenzaba así el Imperio Antiguo (2850-2052 a. de C.), cuya capital estuvo primero en Tinis y posteriormente en Menfis, desde donde ejercieron su poder faraones como Djoser, que edificó la pirámide escalonada de Saqqara, y Keops, Kefrén y Micerino, con los cuales el poder real alcanzó su momento más esplendoroso; la magnificencia de estos tres faraones ha quedado inmortalizada en las tres pirámides de Gizeh, donde fueron enterrados. Sin embargo, a partir de la VI dinastía el prestigio monárquico fue debilitándose; el poder pasó progresivamente a manos de sacerdotes y nomarcas, y por último se produjo una gran revuelta popular que trastornó todo el entramado social del Imperio. El país volvió a dividirse en dos zonas -norte y sur- hasta que hacia el año 2000 a. de C., tras doscientos años de desórdenes, los faraones de la XII dinastía, afincada en Tebas, consiguieron restaurar la unidad y el poder del Estado. Revisado el : 04-09-2004 13:52
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